Hegemonía posverdadera

_psp147_52857829.jpg

Artículo publicado originalmente en Panamá Revista el 24/2/17.

En su marcha hacia el centro del orden mundial, China ha promovido una diplomacia discreta pero activa en el campo de las ideas, construyendo consensos que buscan legitimar su ascenso global (y sus daños colaterales) para fundar una nueva “hegemonía verdadera”, según los términos que describe Immanuel Wallerstein en su análisis del sistema-mundo.

Hasta hace unos años, la principal categoría acuñada por el Reino Medio había sido la “cooperación sur-sur”, una doctrina que pregona una cooperación internacional más atenta (en teoría) a los vínculos asimétricos y al factor político que la promovida por las potencias occidentales. Desde hace un tiempo, a ese concepto se sumó un nuevo principio ordenador del ciberespacio: la “soberanía de la red” (o “soberanía digital”), doctrina que compite con la “neutralidad de la red” norteamericana y que pregona un nuevo orden digital, (en teoría) más atento al impacto que la desinformación puede tener sobre las comunidades políticas y a la autonomía estatal necesaria para desplegar políticas de desarrollo.

Con un POTUS demócrata, Barack Obama o Hillary Clinton, era imposible llegar a un acuerdo entre las potencias para regular el ciberespacio. Pero hoy la diplomacia digital china ha de estar viviendo una primavera de renovadas opciones estratégicas: en un escenario austero, los excesos de Donald Trump pueden incentivar el acercamiento de más países (y compañías tecnológicas) a los valores chinos (incluso más de lo que ya lo hace, sistémicamente, la inteligencia norteamericana post 9/11); en un escenario más favorable, la administración Trump puede apelar a un proteccionismo digital más salvaje que (aun reforzando la competencia comercial y el espionaje contra China) terminará de erosionar el orden vigente, apalancando la posición de liderazgo china. Así, aunque es más que probable que los ciberataques entre potencias no cesen -y esto menos por el POTUS que por la ausencia de un factor disuasor eficaz en el mundo digital, a diferencia de lo que ocurrió con los arsenales nucleares, como señala Richard Haass-, un nuevo orden del ciberespacio más amigo del control, ya sea uno construido por el consenso entre las potencias o uno generado por su puja anárquica, podría acelerar el camino de China hacia la hegemonía global, tanto o más que una confrontación que ponga en su lugar al magnate (y a su América).

En América latina, mientras tanto, la puja entre ambas potencias en el campo informacional abre (aunque muy lentamente) una nueva coyuntura crítica que se diferencia tanto de la dimensión económica como de la dimensión política de la multipolaridad, a la vez que las complementa. ¿Puede el nuevo cuento chino prender tanto en Argentina y en la región como lo hizo la cooperación sur-sur? Lejos de pretender abordar ese interrogante, este texto (continuación de Yes, ICANN) sólo presenta el problema de la diplomacia digital, poniendo el foco en las cartas y el juego de China vis a vis las de Estados Unidos.

Seguir leyendo