Donde hay una necesidad, hay una voluntad de poder: sobre el interés suramericano y la inserción estratégica

tumblr_mg89y4V4L31rkrjw8o2_500

Prólogo

La firma esta semana del TPP (o de un primer paso hacia el mismo), uno de los dos “mega-acuerdos preferenciales” que se impulsan hoy desde Estados Unidos como respuesta sistémica al avance chino, tiene su expresión regional: el acceso privilegiado, aunque subordinado, de los llamados “aliados del pacífico” a un anillo asiático que incluye a Estados Unidos y Japón, pero excluye a China. 

La lista de países, acá (la fuente por ahora es Wikipedia, no Wikileaks). Una primera lectura sobre el tema, aquí. Una segunda (la de Stiglitz, citada por CFK), aquí. La explicación de Barack Obama, here (en inglés). 

En cuanto al “mega-acuerdo preferencial”, vale la pena hacer un paréntesis. Es una combinación de la empantanada vía multilateral (a través de las rondas de negociaciones de la OMC) y del largo sendero ascendente de los tratados de libre comercio “plus” (reducidos a algunos países y en base a la proximidad). Lo que haremos acá es definirlos como acuerdos “glocales”, para lo cual recurrimos a un neologismo utilizado en management (“glocal”) a la hora de querer vincular estructuralmente el desarrollo de lo local a la inserción global.

Por lo tanto, podríamos definir al TPP como el mayor acuerdo “glocal”, en tanto vía intermedia entre la estrategia multilateral y la estrategia bilateral en torno a potencias desarrolladas. Esto nos servirá para comprender la diversidad de mesas donde actualmente se negocian los vínculos económicos de privilegio y se definen ciertas regulaciones de carácter trasnacional (que van más mucho más allá que el “libre comercio”). Hay otro acuerdo más de este tipo, entre Estados Unidos y la Unión Europea, actualmente en negociaciones. A su vez, ese segundo acuerdo, más demorado, tiene su expresión regional en los países del Mercosur, aunque las negociaciones se llevan adelante en otros términos. De ahí la demora. 

Dicho esto, la firma del TPP es una expresión perfecta de lo que llamamos “coyuntura crítica en materia de inserción estratégica”. Sobre ambas cosas, el TPP y la coyuntura crítica, volveremos en otras entradas. 

Introducción

Como la principal innovación sistémica que se propone la política exterior argentina para el escenario que viene, marcado por esa coyuntura crítica, es la elección directa de representantes nacionales (y subnacionales) al Parlasur, nos proponemos aquí analizar al “Parlasur dentro del Mercosur”, preguntándonos por la posibilidad de una inserción estratégica en clave suramericana. Y concluimos que, más allá del delicado y adverso momento político en el que se implementa el voto directo (cuando la integración como estrategia de inserción estratégica ya no parece la opción preferida de todas las dirigencias políticas del bloque), este nos plantea una serie de oportunidades y desafíos cuyo abordaje reclama y admite un registro realista y aspiracional.

Para lograrlo, aquí se propone una lectura del Parlasur donde se pone en juego el rol de activos intangibles compartidos, como es el caso del interés suramericano, y se pone el foco tanto sobre los factores endógenos como sobre los factores exógenos que condicionan la estrategia integracionista.

I. Sobre el contexto

giphy

1

Una primera lectura del contexto en el que se inserta la primera elección directa de los parlamentarios argentinos al Parlasur alimenta el amor propio: atravesamos una temporada con varias fechas históricas que conmemorar. En diciembre de 2015 se cumplen 30 años del encuentro fundante en Foz de Iguazú, que marcó el comienzo de la asociación estratégica entre Argentina y Brasil. Y en noviembre se cumplen 10 años del hito contemporáneo que marcó a toda una generación política: el No al Alca, el gran gesto autonomista de los países suramericanos que habían terminado con los modelos de acumulación neoliberal. Semanas después de la cumbre en Mar del Plata, a su vez, Argentina y Brasil sellaron sendos desendeudamientos con el FMI, lo que generó las condiciones materiales para sostener sus respectivos procesos de autonomización política.

¿En qué derivaron ambos momentos claves? El primer momentum, el ochentoso, sólo duró tres años. Como se puede ver en los documentos oficiales, ya en 1988 el espíritu de la integración había cambiado –para dejar de referenciarse en el Consenso de Cartagena, en el Grupo Río, en el Grupo Contadora, en fin, en el paradigma autonomista y en el proyecto desarrollista. La urgencia era ahora la conformación de grandes espacios económicos, como requisito imprescindible para la inserción competitiva de los países del Cono Sur en una nueva fase de la mundialización de la producción. La mejor síntesis del regionalismo estratégico propuesto por las empresas multinacionales y del regionalismo abierto propuesto por los organismos internacionales iba a ser el Mercosur, un instrumento de apertura selectiva e inserción competitiva, limitado a una dimensión comercial (entre países con una baja complementariedad económica) y a un modelo intergubernamental. En cuanto a la autonomía, pasó a considerarse un stock (ni siquiera un flujo), cuyo ejercicio se interpretó como un costo (ni siquiera una inversión a riesgo). Y cuando en 1998 el comercio intrazona dejó de crecer, las ideas integracionistas dejaron de brotar. Sin embargo, por ahí, por la unión aduanera (todavía imperfecta) firmada en Ouro Preto en el 94, se iba a colar el 4+1; hoy, una fortaleza (que quieren voltear).

¿En qué derivó el segundo momento, el que todavía nos conmueve? No está claro. Es un proceso abierto.

2

Una segunda lectura del contexto sugiere prudencia: nos encontramos ante una verdadera coyuntura crítica en términos de inserción estratégica. Más allá de dónde se ponga a prueba, en qué mesa (bilateral, multilateral, “glocal”) ese partido se juega siempre a nivel nacional. Y ante esa coyuntura, la opción preferida de las dirigencias políticas, sobre todo la de la principal economía del bloque, ya no parece ser la integración regional.

 II. Sobre sus desafíos y objetivos

tumblr_mrn9dk0NSO1r2xzveo7_400

1

El primer desafío del Parlasur es lograr que las líneas de convergencia entre los socios Mercosur vuelvan a predominar sobre las líneas de divergencia. Y eso sólo lo puede lograr por prepotencia de trabajo y mediante la acumulación y la movilización de factores de poder (recursos políticos, económicos, sociales y técnicos).

2

El segundo desafío es proteger y blindar el 4+1, cuyo desmantelamiento es hoy en día el principal objetivo estratégico de las actuales primaveras liberales a nivel nacional en toda la región. Si la cláusula democrática constituye la principal garantía de la gobernanza regional, el 4+1 (o 6+1) es el principal bastión de los países suramericanos de cara a todas las mesas de negociación que se avizoran en términos de inserción estratégica.

3

El tercero es generar una mayor demanda social en favor de la integración; así como canalizarla y sostenerla, trabajando para que una integración desde abajo sea (estructuralmente) más posible y deseable. Es decir, lograr una mayor participación (creativa) de la sociedad civil (empresarios, sindicatos y fuerzas sociales, se entiende). El recuerdo del ATLAS, creado en 1952 para hacer más viable al ABC, está a la orden del día.

4

El cuarto es persuadir a las dirigencias políticas de los países socios, fundamentalmente la brasileña, con el objeto de acercarlos de vuelta (o al fin) hacia un proyecto superador en clave suramericana.

En una primera etapa, esto significará fundamentalmente generar un efecto contagio: ayudar a las fuerzas sociales comprometidas con la integración en Brasil para que, a pesar de la grave crisis política que vive nuestro país hermano y principal socio geoestratégico, promuevan la instalación del voto directo de sus parlamentarios, incluso antes de la fecha límite de 2020.

5

El quinto es trabajar para lograr la consolidación definitiva del interés suramericano. Desde el relanzamiento del bloque en 2003 hasta hoy, sólo hemos logrado su consolidación parcial. Es decir, hemos logrado forjar y sostener una estrategia autonomista conjunta, pero no una estrategia desarrollista conjunta. Si la autonomía nacional hoy se percibe como una condición que está estructuralmente atada a la autonomía suramericana, es decir, a la autonomía de los demás países de la región, es en buena parte por obra de los líderes del Mercosur; de ahí la singular convivencia sagrada entre el Mercosur y la Unasur. Pero es imprescindible apostar por el desarrollo conjunto de las capacidades productivas, científicas y tecnológicas endógenas, y esto implica ir más allá de aquel consenso posneoliberal que cristalizó con la Declaración de la Moneda de 2008.

Los objetivos en esta etapa deben parecerse más a la co-creación de ventajas competitivas sostenibles entre los socios (internos y externos) para alcanzar una inserción de alto perfil en ciertas cadenas globales de valor donde tenemos el potencial necesario. El “anillo óptico suramericano” es bastante novedoso y auspicioso en este sentido, pero es una cuestión recién en ciernes. En cuanto a animarse a discutir el “compre suramericano” para algunas industrias dinámicas, es un capítulo aparte: supone pasar de una etapa de resistir hacia fuera para pasar a otra de seducir hacia dentro.

III. Sobre sus debilidades

Bruce_Lee_1

1

Aunque en rigor funciona desde 2008, el Parlasur, este nuevo Parlasur, llega tarde y entra “frío” a la cancha. Néstor Kirchner y Lula da Silva decidieron su creación en 2003, como parte del Plan de Trabajo 2004-2006, cuya columna vertebral era el perfeccionamiento de la Unión Aduanera, algo todavía no logrado del todo. Y las distintas demoras, generadas por condicionantes internos y externos, fueron disminuyendo las expectativas en torno al Parlasur. Algunas fechas son clave para comprender este desplazamiento: 2006, con la nacionalización de los hidrocarburos bolivianos; 2008, con la aceptación por parte de Brasil de la oferta de los países desarrollados en la OMC; y 2011, cuando la segunda etapa de la crisis financiera internacional comenzó a sentirse en serio en las economías emergentes.

2

Las instituciones no son garantías, sino cajas vacías que hombres y mujeres llenan cada día (o no) de contenidos y lineamientos, los cuales pueden exhibir densidad estratégica, ser autonomistas, ser desarrollistas y ser solidarios; o no.

3

No hay una fuerte demanda social en favor de la integración. En Argentina, se manifiesta en el descreimiento que genera el Parlasur como institución y el parlamentario como representante legítimo de sus demandas. Más allá de la ignorancia al respecto –la cual se ostenta a veces sin vergüenza– y de la campaña de desinformación, este es un punto sensible que deberá ser seguido de cerca. El parlamentario o la parlamentaria del Mercosur deberá estar y mostrarse cerca de una demanda que todavía no está ahí, al menos no del todo. En cierto sentido, llega antes que ella, acaso para ayudar a alumbrarla.

En Brasil el panorama es peor: entre quienes deciden e influyen en la materia pareciera manifestarse un creciente desinterés por el futuro de la integración, al menos de una más profunda que amplia; y entre las fuerzas sociales parece una cuestión todavía menos urgente –lo que es lógico, en virtud de la crisis política y económica en marcha, pero siempre se puede trabajar para que la ciudadanía de los países socios sea más consciente de los beneficios que genera la integración.

IV. Sobre las precauciones

tumblr_nmhramvFT51s4bsgyo2_400

En la actual coyuntura crítica en términos de inserción estratégica es indispensable avanzar en ciertas cuestiones centrales para el éxito del proceso de integración.

1

En primer lugar, debemos prestarle mucha más atención a los incentivos integracionistas (los defensivos y los ofensivos), así como a los vínculos de confianza, reconociendo a su vez el peso determinante que tienen las percepciones sobre los resultados del proceso a la hora de realimentar los esfuerzos nacionales. Cuando las medidas unilaterales se imponen sobre las medidas concertadas, se van minando los vínculos de confianza y se erosionan las metas y expectativas en torno al bloque. Dar una respuesta estructural a este orden de cosas supone lidiar con los factores endógenos, asumiendo los errores propios, sin dejar por eso de reconocer el peso condicionante que tienen los factores exógenos. El Parlasur puede y debe avanzar en este sentido.

2

Ante escenarios nacionales de restricción externa (como es el caso de Argentina) o de primarización de las canastas exportadoras (como es el caso de Brasil), la gravitación creciente que ha de tener el capital externo y su inevitable impacto sobre las economías emergentes hacen necesario reflexionar sobre los límites del viejo desarrollismo. El costo de ceder autonomía decisoria a cambio de lograr una mayor integración del parque industrial, pagado por Brasil en su ajuste estratégico de los años 50, debiera ser una valiosa lección para acelerar nuestras curvas de aprendizaje en términos de inserción estratégica. El Parlasur, aunque no sea protagonista de este debate, no estará exento de esta discusión.

3

Durante los últimos años los países suramericanos han logrado recuperar (y en ciertos sentidos incluso conquistar) mayores márgenes de autonomía decisoria. La autonomía política, la autonomía energética y la autonomía tecnológica son, quizá, los componentes fundamentales de un proyecto de desarrollo autónomo sostenible, y todos los países del Mercosur ampliado han perseguido, de un modo u otro, esos tres objetivos desde el quiebre del consenso neoliberal.

Sin embargo, es oportuno hacer al menos tres reflexiones sobre la autonomía. En primer lugar, que ella es una condición que puede ganarse o perderse. En segundo lugar, que la autonomía es una cuestión de grados –por eso conviene hablar de autonomía al mismo tiempo que decimos soberanía. Y, en tercer lugar, que la autonomía será sostenible o no será.

Esto último supone, esencialmente, que para seguir siendo autónomos es necesario innovar de forma permanente. Y la construcción de la autonomía decisoria para diseñar y sostener una inserción estratégica en función del interés nacional (y suramericano) también es un ejercicio de “destrucción creativa”, al decir de Joseph Schumpeter. El Parlasur es una innovación en sí misma (como también lo fue la Resolución de la Asamblea de las Naciones Unidas sobre procesos de re-estructuración de deudas), pero para reproducirse tiene que multiplicarse, ideando y generando incentivos para quienes promuevan la co-creación de un ecosistema de innovación dentro del bloque.

V. Sobre las oportunidades

giphy (1)

1

Conviene considerar al interés suramericano como lo que es: un bien público regional. No sólo son bienes públicos regionales las autopistas, las hidrovías, los corredores bioceánicos o las represas: también lo son los activos intangibles compartidos. Y en la medida en que el interés conjunto en clave autonomista resulte un activo intangible no sólo compartido sino también valorado por los países y pueblos de la región, puede servir como fuente y vector de los contenidos y lineamientos necesarios para (planificar y sostener) una inserción estratégica suramericana. Si creemos que podría tener un efecto multiplicador, es porque permitiría apuntalar y amplificar las condiciones de posibilidad de una diversidad de “intereses suramericanos” –aquellos intereses nacional-regionales que persiguen el desarrollo y la autonomía de todos los socios del bloque.

2

Los peronistas suelen partir de axiomas. Nuestro preferido es “donde hay una necesidad hay un derecho”. Pero, si se nos permite al abuso, algo tan frágil como la integración merece y habilita un parafraseo complementario: Donde hay una necesidad, hay una voluntad de poder. Y el Parlasur, como instancia de representación de los intereses nacionales y populares en clave suramericana, es una necesidad compartida, más o menos reconocida, más o menos valorada, pero una necesidad profunda, y por lo tanto, encierra una auténtica voluntad de poder. Si así fuera, solamente habrá que dejarla ser, acompañarla hasta que cumpla su mandato manifiesto: construir, acumular y movilizar factores de poder con un fin autonomista y solidario, para que la integración entre los pueblos suramericanos sea al fin una realidad efectiva.

tumblr_mmy3fqVpeg1qgl64no1_500

Anuncios

One thought on “Donde hay una necesidad, hay una voluntad de poder: sobre el interés suramericano y la inserción estratégica

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s